Apolo y Ariadna

Blog personal

Blog sobre los hilos, los laberintos y las travesuras de los chicos malos

Poemas de Noviembnre

Escrito por ApoloyAriadna 25-11-2017 en Poemas. Comentarios (0)

 

20 – XI – 2017

El mar devuelve todo lo que no es suyo.

Suyos son los jirones de algas,

la molicie de los caparazones,

la espumosa balumba de las olas.

Suyo es el juego de las mareas,

el olor a yodo, el salitre corrompido.

Pero suya no es la brea del calafate,

suyas no son las redes en la almadraba,

la basura cósmica de Juan Salvador Gaviota,

ni la pitanza de plástico pero si lo es el cachalote moribundo.

No es suyo el arsénico, las escamas de mercurio,

ni el cuerpecito frágil y húmedo de Aylan Kurdi

que las fauces del mar devolvieron sigilosas

durante una aqua alta a la playa turca de Bodrum.



21 – XI – 2017

Todavía quedan tantas cosas por hacer.

Cada día que pasa se acumulan sin piedad.

Tan solo hoy he tomado nota de algunas de ellas:

Pasear a Cloe por el parque, comprar dos baguettes,

leer el último capítulo de La muerte en Venecia,

contarle a mi nieta que la libertad no siempre estuvo ahí,

comprar un bote depomodoro all’olio,

ir a Venecia para volver a ver un cuadro de Sorolla,

llamar a los amigos antes de que las sombras los escondan,

escribir una necrológica a los salmones tras el desove,

preparar un vermú al mediodía,

buscar en la geografía de tu espalda,

esconder los endecasílabos para no caer en la abulia,

pasear al atardecer sin que quepa ninguna excusa,

obligar a buscar diez minutos de silencio todos los días,

visitar los cementerios, darle la vuelta a los calendarios,

volver a pasear con Cloe, releer La consagración de la primavera,

ordenar los recuerdos algunas veces,

luchar contra el Alzheimer contando hacia atrás,

repetir tu nombre al menos tres veces al día,

seguir recordando todas las cosas que me quedan por hacer.



22 – XI – 2017

De entre todas las estaciones es el otoño

la más parecida a un apeadero ferroviario.

El inicio de la estación amarilla tiene su origen

en un destartalado andén al norte del río Tallahatchie,

en el condado de Yoknapatawpha.

Los primeros gemidos salen de un chamizo

destartalado y de ahí se extienden como un susurro ocre

de hojas y acaban amontonados a la entrada de Jefferson,

otra ciudad invisible que Calvino prestó a Faulkner

para tener una excusa, y dar que hablar a esa torrija de tiempo

que transcurre desde mediados de octubre

hasta bien entrado el mes de diciembre.

Por eso, los apeaderos y las marquesinas con reloj,

tienen tanto en común con el otoño,

esa estación amarilla desde la que siempre

andan partiendo trenes hacia el invierno.



23 – XI – 2017

Tampoco ha ido tan mal. Algunos achaques,

acaso las incomodidades propias de la senectud.

Tropiezos, olvidos, un poco de tos, el asma

y, sin embargo, me cuesta alejarme de los días primeros.

¡Cómo ha pasado el tiempo!

No sé si son igualmente dolorosos

los días felices como los que nos hirieron esos años.

Parece absurdo, pero son recuerdos tan felices

que si no fuera porque los he vivido con certeza,

diría que su falsedad ofende. ¿Por qué no vuelven?

¿Por que se prodigan tan poco por esta acera de los años?

Yo siempre estoy al acecho. No necesito correr,

tampoco saltar, solo me aliviaría si me quitasen

esa losa del pecho que no me deja respirar,

y así no puedo dar el hálito suave y apacible,

alcanzar la escasa cima de un médano en la playa.

Bueno, tampoco me ha ido tan mal.



24 – XI – 2017

Tienen los hoteles algo de refugios permanentes,

todos ellos, incluso los que nos resistiríamos

a considerar como hoteles propiamente dichos.

Lo tienen las ventas de El Toboso a las que volvían

una y otra vez caballeros y gobernadores de ínsulas,

lo tienen las recogidas celdas de cenobios y monasterios,

las rurales posadas de entre caminos,

los acogedores hoteles de provincia,

las singulares casas solariegas al pie de las montañas,

y de entre ellos destacan los templos alzados al recogimiento

como la Clínica Gastronómica Arnaldo,

en la Rubbiera italiana, El Grand Hotel de Rímini

con su lujo elenco de camareras y cuberterías de plata,

el Hotel Boutique de Trujillo en donde nació Orellana,

tan en alto que pudo haber divisado el Amazonas desde allí,

el Hotel Convento don Benito de La Guardia

a los pies de un monte celta desde el que guardan los sueños,

el Palazzo Catalani inmerso en la Umbria

dominando desde la altura el Parque de los Monstruos

donde pasean los personajes que Mujica Lainez

nos dio a conocer al Duque de Orsini en Bomarzo,

lo tiene el Hotel Inglaterra a los pies del Albaicín,

lo tienen todos aquellos en los que el viajero

ha podido dejar durante la noche sus sueños sobre la almohada.


Hipatia y los pantógrafos

Escrito por ApoloyAriadna 09-09-2017 en Poemas. Comentarios (0)




Los geómetras sirven para encontrar lunares

y calcular el ángulo del ábside con los presbiterios.

Un buen geómetra puede medir la sombra

que los almuédanos proyectan desde el minarete

o multiplicar el gesto del tirano mientras decide

sobre la decapitación de los talismanes.

El geómetra crepusculario duerme con un pantógrafo,

sueña con un pantógrafo y ama bajo la tramoya

en donde las costillas fueron las maromas del barco

en el que en vez de brújula se navega con pantógrafos.

Por eso cuando los geómetras están entre nosotros

se dedican a medir los planisferios y coquetean

con náyades o matronas, y las matronas entretanto sueñan

con ser Hipatia y llevar un pantógrafo

para copiar, copiar y volver a copiar el delicado

gesto que nunca ha pasado desapercibido a los amantes.

Pero solo un geómetra podría averiguar cuál es el camino

a la nada y por qué tienes un lunar entre el coseno

de tus pechos y la tangente de tu escápula.


De pronto bajo el cielo... (28 - V- 2017)

Escrito por ApoloyAriadna 28-08-2017 en Poemas. Comentarios (0)


28 – V – 2017


De pronto bajo cielo hay otro firmamento,
y las cometas de seda vuelan y son eclipses
del tamaño de una naranja.
Todo el horizonte del desierto
es un incendio fronterizo,
pero hablo de un oasis que no llega.
Hablo del polvo que va cargando el aire y lo vence,
hablo de las ciudades que se han dejado arrastrar
por el siroco y las respiro, hablo de Abdiján
y los treinta y ocho torreones de Arg-e-Bam,
hablo de la planicie gris de Tamanrasset.
De todo lo que hablo se va llenando
quedamente el aire: el pan de azúcar
que se vende a las afueras de Kermán,
los cinceles de viento que hicieron tremolar
la túnica del tuareg, la humedad fronteriza
de la tarde y un reguero de té.
Ahora sopla el viento y sobrevivo.


Un Año de Poema (26 - V- 2017)

Escrito por ApoloyAriadna 16-07-2017 en Poemas. Comentarios (0)


26 – V – 2017


El desierto es un sueño de alabastro
y los antílopes rayados ya no juegan con las dunas.
Toda la grandeza del desierto está bajo sus piedras:
el alacrán que se refugia del sol y la canícula,
el sarpullido de guijarros que sestean bajo el sopor
como lagartos, los restos de una jaima que el viento deposita
en los pedernales malheridos y un reguero de té.
Todas las impresiones en el desierto son gestos
elementales: la mancha ocre sobre el mapa, la caravana
que retorna buscando el frágil surco de sus huellas, 
el traficante de armas con su arpillera de alfanjes 
y un bereber de quince años que nunca 
ha soñado con Venecia. Nada resume mejor 
el desierto que esa locura de calimas.


Un Año de Poema (27 - V- 2017)

Escrito por ApoloyAriadna 16-07-2017 en Poemas. Comentarios (0)

27 – V – 2017


De pronto bajo cielo hay otro firmamento,
y las cometas de seda vuelan y son eclipses
del tamaño de una naranja.
Todo el horizonte del desierto
es un incendio fronterizo,
pero hablo de un oasis que no llega.
Hablo del polvo que va cargando el aire y lo vence,
hablo de las ciudades que se han dejado arrastrar
por el siroco y las respiro, hablo de Abdiján
y los treinta y ocho torreones de Arg-e-Bam,
hablo de la planicie gris de Tamanrasset.
De todo lo que hablo se va llenando
quedamente el aire: el pan de azúcar
que se vende a las afueras de Kermán,
los cinceles de viento que hicieron tremolar
la túnica del tuareg, la humedad fronteriza
de la tarde y un reguero de té.
Ahora sopla el viento y sobrevivo.